Dicen que el vino es la memoria de la tierra, pero en Argentina, esa memoria se escribe con letra de mujer.
Este 8 de marzo, en nuestra vinoteca, el enfoque no está en las cepas, sino en las mujeres que lideran la industria. Es una historia de profesionalismo que une a las pioneras con las nuevas generaciones, un recorrido de audacia que se refleja en la calidad de cada etiqueta que elegimos.
Todo cambio profundo nace de una decisión valiente. En los años 80, Susana Balbo rompió el molde al convertirse en la primera enóloga del país. Su trabajo con el Torrontés no solo fue una innovación técnica; fue la prueba de que el liderazgo femenino era el paso necesario para la modernización del sector.
Esa búsqueda de excelencia técnica la continuó Laura Catena, quien desde una visión científica posicionó al Malbec argentino en lo más alto del mercado global. Junto a ella, maestras como Estela Perinetti aportan la precisión y la experiencia necesarias para interpretar los viñedos de altura con una elegancia que no admite atajos.
La cadena se completa con quienes comunican el vino. Paz Levinson, con una trayectoria internacional impecable, demostró que el conocimiento y la formación son las herramientas para llevar nuestra bandera a las mesas más exigentes del mundo.
Hoy, ese legado está en manos de figuras como Agustina Hanna, quien con una técnica sólida está renovando los perfiles de los vinos actuales. Y el ciclo de trabajo se consolida con Paloma Bignone, quien junto a su madre Estela, representa la continuidad del esfuerzo y la visión empresarial en la bodega.
Este Día de la Mujer, el brindis es por su resiliencia y su capacidad de gestión. Celebramos a las que abrieron el camino, a las que hoy lo lideran y a las que ya están diseñando el futuro de nuestra industria.
¿Conocías alguna de estas historias? Te leo en los comentarios

No hay comentarios.:
Publicar un comentario